La Musa de la Camisa Asoleada.
El amanecer llegaba, del cumpleaños años aquel
Con el elixir de Baco, bajábamos de nivel
Llegó mi musa perfecta, a invitarme en forma cruel
A danzar y mi experiencia, sólo fue la de un doncel.
De su camisa asoleada, y su tez de Rapunzel
Tuve la suerte de un ángel y pude guardar su cel
Cuando el sol ya despuntaba, trinó el primer pajarel
Al escapar del bullicio, ebrio al apartotel.
Hablamos dos o mil noches, mi mente se hizo un tropel
Su intelecto y mi impudencia, en mi se hicieron burdel
Su misterio me embriagaba, cual si fuera un moscatel
La seducción desbordada nos llevó a un viejo hotel.
La mesa estaba servida, el vino sobre el mantel
el rubor de la faena, condensóse en un clavel
Nuestro piso se movía, los cuerpos al redondel
Y un par de almas desnudas, danzaban sin timonel.
La tinta que había en mi boca, chorreó sobre su piel
Las papilas desgastadas de mi lengua, con su miel
La recorrieron completa, desvaneciendo mi hiel.
Mi canción entre sus muslos, esquivaba su corcel
Para fundirse en el néctar que emanaba su vergel.
Mis labios entre sus labios mezcláronse en un cóctel
Con sus manos apretando, una sábana y mi sien.
Su espalda volvióse un lienzo y mi dedo, un pincel
Qué dibujaba sandeces y erotismo a granel
Se retorcía en el lecho, cuando palpó mi cincel
Y su ardor me emparamaba, al caer del anaquel.
Con mis dientes desgarraba, la cereza del pastel
Y mi lengua se enredaba cual la Torre de Babel.
Al pudor y a la decencia, esa tarde les fui infiel.
Porque la besé completa desde la iglesia al cuartel.
Me fusiló el sacerdote, me comulgó un coronel
Al adentrarme en su cuerpo, cómo inexperto Proel
Mi ombligo, contra su ombligo fundidos en un pixel
Derritiéronse al ritmo del gemir de un cascabel.
Raúl Castrillón López


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