El Trino de la Serpiente

Sin mente dijo demente 
Una noche oscura de abril 
Cuando a solas, quemó el atril 
Para ahogarse en la lluvia inclemente 
Qué rompió el cielo y quebróle la frente 
Ensangrentando su mirada senil. 

Y no le echó más mente, a su mente  
Ni al quejido de su alma por dentro
Que reventada agrietaba el cimiento 
Mientras con fuerza apretaba los dientes 
Seducido por el trino de la serpiente  
Que embelesaba su último aliento.

Se escuchó suave el grito en el viento
Qué  agitó un rayo con dulce amargura
Cayóle encima y quemó su ternura 
Para incendiarlo en la magia del tiempo
Lo único cierto, efímero yerto
De las tinieblas y su densa espesura.

Raúl Castrillón López.

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